¿Dónde termina el consultorio y empieza la vida?
Una travesía narrativa por las fronteras del Acompañamiento Terapéutico, ese arte clínico que ocurre en la calle, en el hogar, en lo cotidiano. Este blog es una guía reflexiva para profesionales, estudiantes y todo aquel que crea que el cuidado del otro comienza donde los protocolos se quedan sin palabras.
Acompañamiento Terapéutico
Clínica en las Fronteras
Iberoamérica · 2017
Un libro que nació de un encuentro
En octubre de 2015, Córdoba (Argentina) fue el escenario del X Congreso Internacional de Acompañamiento Terapéutico. Cientos de profesionales de Argentina, Brasil, México, Uruguay, España y otros países iberoamericanos se reunieron bajo un mismo lema: Clínica en las Fronteras. Caminos del AT en lo Cotidiano. De ese encuentro vibrante, plural y fértil emergió la semilla de este libro.
Las compiladoras —María Laura Frank, Maricel Costa y Dolores Hernández— tomaron una decisión valiente: no recopilar los trabajos presentados tal como fueron. En cambio, propusieron algo más ambicioso: fotografiar el momento actual del AT en Iberoamérica. El resultado es una obra colectiva que reúne voces jóvenes y consagradas, textos premiados y experimentales, miradas desde Argentina, Brasil, México y España.
Más de cuarenta autores contribuyeron con sus escrituras para construir este mosaico conceptual. El libro está organizado en torno a cuatro grandes significantes —Cotidiano, Clínica, Frontera y Caminos— que funcionan como mojones orientadores para el lector viajero que se adentra en territorios desconocidos. Cada capítulo es un territorio. Cada texto, un sendero.
Las compiladoras
María Laura Frank — Fundación Sistere, Córdoba, Argentina
Maricel Costa — Docente e investigadora en salud mental
Dolores Hernández — AT, traductora, Maestranda en Políticas Públicas, UNC

Datos editoriales
Editorial Brujas · Córdoba, Argentina
1ª Edición · 2017
ISBN 978-987-591-805-4
Lo cotidiano como clínica: el primer gran territorio
Capítulo 1
Cotidiano / Dispositivos en AT
Existe una pregunta que abre el primer capítulo con la fuerza de un portón que cede: ¿qué es lo cotidiano? No en el sentido trivial del término, sino en su dimensión más profunda, más política, más clínica. Luciana Chauí Berlinck, doctora en psicología de la Universidad Mackenzie de São Paulo, nos conduce por una genealogía del cotidiano que va desde el mundo agrario —regido por el ritmo del sol y las estaciones— hasta la sociedad de consumo contemporánea, donde el control social ya no se ejerce sobre el cuerpo trabajador sino sobre el deseo.
La pregunta que resuena una y otra vez en su texto es tan sencilla como perturbadora: ¿qué lugar ocupa el acompañado en ese cotidiano instituido? La respuesta es desoladora y al mismo tiempo iluminadora: ninguno. El sujeto que requiere acompañamiento terapéutico no encaja en el ritmo agrario, ni en el laboral, ni en el consumo. El cotidiano social le es ajeno, opresivo, violento. Y es precisamente allí donde el AT irrumpe como espacio transicional, en el sentido winnicottiano: un tercer territorio que no es ni realidad interna ni realidad externa, sino un espacio de encuentro, de creación y de autonomía posible.
"El AT surge como un otro espacio y un otro tiempo, un hueco y una pausa en el espacio-tiempo del cotidiano."
— Luciana Chauí Berlinck
Este primer territorio conceptual es también una invitación a la transformación personal. Si como profesionales o estudiantes naturalizamos el cotidiano de nuestros acompañados —si dejamos de preguntar cómo viven el tiempo, cómo habitan el espacio, qué ritmos sostienen o cuáles les son negados— corremos el riesgo de reproducir, sin saberlo, la misma lógica de exclusión que el AT existe para disrumpir.
El concepto que lo cambia todo: el placement
De todos los conceptos que circulan en el primer capítulo, hay uno que merece detenerse con atención: el placement, propuesto por Donald Winnicott a partir de su trabajo con niños evacuados durante la Segunda Guerra Mundial. Ofrecer un lugar. Eso es, en su mínima expresión, lo que hace el acompañante terapéutico.
Winnicott observó que algunos niños trasladados de Londres al campo —lejos de los bombardeos pero también de sus hogares— encontraban en ese nuevo entorno una experiencia de estabilidad y continuidad que sus ambientes originales nunca les habían dado. El placement no es un simple traslado físico. Es la posibilidad de que el sujeto experimente un lugar en el mundo, una referencia, un punto desde donde reorganizar su experiencia.
La transposición al AT es directa y poderosa: el acompañante, al insertarse en la vida cotidiana del acompañado, ofrece un lugar que contrarresta el espacio opresivo e impuesto por el cotidiano familiar y social. Este ofrecimiento es al mismo tiempo clínico, ético y político. El acompañado deviene sujeto capaz de autonomía, sujeto ético, ciudadano.

Para la práctica reflexiva: ¿Qué lugar le estás ofreciendo a tu acompañado? ¿Es un lugar que él o ella eligió, o uno que tú definiste desde tu propio cotidiano?
Dispositivos de frontera: tejer lo que aún no existe
Silvia Resnizky
Vincularidad
Silvia Resnizky, psicoanalista y Co-Directora de la Maestría de Familia y Pareja del IUSAM, ofrece una de las contribuciones más densas y fecundas del libro. Su punto de partida es una afirmación que vale la pena releer varias veces: "el dispositivo es un producto del vínculo que, a diferencia del encuadre, no lo precede." Esta diferencia —sutil en apariencia, radical en sus consecuencias— transforma la manera de pensar la clínica del AT.
Si el dispositivo no preexiste al vínculo, entonces no puede ser diseñado de antemano como una estrategia fija. Se construye en la relación misma, en la interacción entre el acompañante y el acompañado, entre el equipo y la familia, entre la institución y el territorio. Es un ovillo, dice Resnizky parafraseando a Deleuze: algo que preanuncia más de un destino posible. Un abrigo en potencia. La trama no está en el origen; hay que tejerla.
Desde la teoría vincular del Río de la Plata —con Pichon Rivière, los Baranger, Berenstein y Puget como referentes— Resnizky sostiene que el vínculo transforma a ambos polos de la relación. No solo el acompañante incide sobre el acompañado; el acompañado también produce inscripciones en el acompañante. Esta bidireccionalidad es la clave de lo que ella llama "instancias de subjetivación": el AT no solo trata; también crea subjetividad nueva, para el acompañado y para quien acompaña.
Lo vincular como leit motiv
El vínculo no es solo una herramienta; es el territorio mismo de la clínica. Lo vincular produce subjetividad que no puede reducirse a lo individual.
La lógica del Dos
El espacio entre dos sujetos genera algo inédito, impensado antes. Esta lógica del devenir rompe con la identidad fija y abre a la multiplicidad.
Las luciérnagas de Didi-Huberman
Buscar las tenues luces en medio de las tinieblas: allí donde hay razones para el pesimismo, es más necesario abrir los ojos y buscar vínculos posibles.
¿Existe una epistemología del AT? La pregunta que nadie quería hacer
Capítulo 1 — Epistemología
Mauricio Castejón Hermann
Mauricio Castejón Hermann, doctor en psicología por la Universidad de São Paulo y director de ATTENDA, se atreve a formular la pregunta que más incomoda en el campo del AT: ¿hay una epistemología para esta práctica? ¿Existe un objeto específico que defina al AT como campo de conocimiento con estatuto propio? La pregunta no es inocente. Implica cuestionar si el AT es una disciplina, una función, una metodología o algo que aún no tiene nombre preciso.
Hermann presenta con rigor las diferencias entre la experiencia argentina y la brasileña del AT. En Argentina, el AT tiende a ser concebido como una profesión con regulación, código de ética y obligatoriedad de trabajar en equipo con un coordinador. En Brasil, en cambio, predomina la noción de AT como función clínica: una práctica que puede ser ejercida por psicólogos, enfermeros, fonoaudiólogos, trabajadores sociales, abogados, pedagogos y otros profesionales, orientados por distintas "visiones de hombre" y en contextos de trabajo sumamente variados.
El ejercicio matemático que propone Hermann es casi cómico en su lucidez: diez graduaciones de base, multiplicadas por diez "visiones de hombre", multiplicadas por diez contextos de trabajo en AT, arrojan mil variaciones posibles del AT brasileño. Más que un problema matemático, es una invitación a reconocer la riqueza plural de este campo. Y desde esa pluralidad, Hermann propone una definición provisoria y abierta: el AT como oferta de presencia de un profesional que construye una relación terapéutica con su acompañado, circula con él por las ofertas del lazo social y fortalece sus recursos subjetivos para crear vínculos.

Reflexión para el camino: La pregunta epistemológica no paraliza; libera. Preguntarte desde qué "visión de hombre" acompañas es el primer paso hacia una práctica más consciente y ética.
Caminos, fronteras y documentos de viaje
Pablo Dragotto
Rol del AT · Equipo · Transferencia
Pablo Dragotto, psicoanalista y miembro fundador de AATRA (expresidente), abre su contribución con una escena literaria impactante: el primer encuentro entre Marco Fogg y el anciano Thomas Effing en la novela El palacio de la luna, de Paul Auster. En esa escena —un hombre mayor en silla de ruedas, ciego, hostil, que examina a su futuro acompañante con preguntas enigmáticas— Dragotto encuentra una metáfora perfecta del inicio de cualquier acompañamiento terapéutico: la demanda explícita y la implícita, la aparición de lo delirante, la necesidad de aliados en el entorno y el riesgo siempre presente de quedar atrapado en un lugar servil.
Las fronteras del AT son múltiples y simultáneas: geográficas, sociales, disciplinarias, diagnósticas. El acompañante las atraviesa junto con su acompañado. Actúa hacia el paciente pero también hacia lo social. La calle, la escuela, el barrio, la institución son el escenario de intervención. Y al mismo tiempo, la realidad cotidiana de los acompañados —con toda su crudeza— se infiltra en la serenidad artificial de los consultorios y los equipos.
Dragotto hace una advertencia que toda persona que se inicia en el AT debería grabar como primer principio: el dispositivo es complejo y múltiple, y no puede realizarse en soledad. Se necesita haber transitado por psicoterapia personal. Es preciso supervisar. Hay que trabajar en equipo. Hay que aprender a reconocer los propios límites. Sin estos recursos, el acompañante corre el riesgo de responder desde el sentido común, caer en actuaciones transferenciales y reproducir, sin advertirlo, mecanismos de poder y segregación con los propios acompañados.
Psicodrama, espontaneidad y el arte de sostener la escena
Alejandro Chévez · Andrea Montuori
Psicodrama · Teatro Espontáneo · Moreno
Alejandro Chévez y Andrea Montuori, del equipo de coordinación de la Asociación de AT y Teatro Espontáneo (Pasos, Madrid), proponen una relectura audaz: el psicodrama moreniano y el AT comparten el mismo lenguaje —el de la acción— y la misma apuesta terapéutica: la espontaneidad y la creatividad como fuerzas transformadoras. Esta conexión, dicen los autores, nunca fue reconocida suficientemente por la literatura del AT, a pesar de que las referencias a Moreno están presentes desde el primer libro de la disciplina (Kuras y Resnikzy, 1984).
El concepto central que aporta Moreno es la espontaneidad trabajada: una disposición del sujeto a responder de manera adecuada ante una situación nueva, o de manera creativa ante una situación conocida. Esta definición describe con exactitud lo que se espera del acompañante terapéutico en cada encuentro con su acompañado. No el sentido común, no la rutina, no la conserva cultural: la espontaneidad como acto social que vincula creativamente a dos sujetos en el aquí y ahora.
Protagonista
El acompañado: centro de la escena, portavoz de la situación vincular.
Yo-Auxiliar
El AT: actor terapéutico que sostiene la escena desde roles secundarios y ausentes.
Director
El coordinador o equipo: responsable del tratamiento y de la dirección clínica.
Escenario
La calle, el hogar, la institución: espacio cargado de expectativas y matrices relacionales.
La propuesta práctica de Chévez y Montuori es concreta y transformadora: incorporar la supervisión activa de escenas mediante técnicas psicodramáticas en la formación de acompañantes. Representar situaciones cotidianas del acompañamiento, hacer roleplay, trabajar la multiplicación dramática. Esta formación vivencial —aprendizaje a través de la acción— produce acompañantes más ágiles, más espontáneos, más capaces de habitar creativamente las escenas que sus acompañados les ofrecen.
La familia: el territorio más complejo del AT
María Laura Frank
Familia · Dispositivo · Subjetivación
María Laura Frank, una de las compiladoras del libro, ofrece en su capítulo una de las miradas más integradoras y prácticas de toda la obra. Su tesis central puede formularse de manera simple y contundente: el AT trabaja en y con lo cotidiano, y lo cotidiano incluye inevitablemente a la familia. Ignorar a la familia, trabajar a pesar de ella o en contra de ella, es reducir la eficacia terapéutica del dispositivo y perder de vista la complejidad del sujeto que acompañamos.
Frank toma el concepto de dispositivo en su acepción foucaulteana y agambeniana: una red heterogénea que incluye discursos, instituciones, relaciones, enunciados científicos, decisiones y todo lo dicho y lo no-dicho. Aplicado al AT, el dispositivo es mucho más que la relación entre un acompañante y un acompañado. Incluye al terapeuta que solicita el acompañamiento, al psiquiatra, al supervisor, al analista del acompañante, a la familia, al entorno, a las mascotas, al vecino, al portero, al modo en que el acompañado recorre o no la ciudad.
Cartografiar antes de intervenir
El AT debe tomarse el tiempo de mapear la dinámica familiar: roles, mandatos, exclusiones, mitos, antes de intervenir sobre ellos.
Trabajar con la familia, no a pesar de ella
Comprender y aceptar los recursos y límites de los familiares abre caminos hacia relaciones más flexibles entre todos los actores del dispositivo.
El AT como apoyatura vincular
Los acompañantes que establecen vínculos con índice de realidad para el otro pueden ser parte de la red ampliada de subjetivación del sujeto.
Clínica, sujeto y subjetividad: el segundo gran territorio
Capítulo 2
Clínica / Sujeto y Subjetividad
"y veo allí cuando bajo / tanta gente en silencio / cada uno con su ovillo / desovillando / cuidadosamente / en silencio hacia adentro..."
— Leónidas Lamborghini, Diez escenas del paciente
El segundo capítulo del libro se adentra en el corazón más íntimo de la clínica del AT: la relación entre el vínculo terapéutico, la constitución del sujeto y los procesos de subjetivación. Susana Kuras Mauer, fundadora junto a Silvia Resnikzy del primer libro de AT en lengua española (1985), abre este apartado con una reflexión autobiográfica que es también un mapa histórico del campo.
Kuras Mauer recuerda aquellos años setenta en los que todo había que inventarlo: sin conceptos, sin supervisores, sin territorio ni fronteras. Y en esa invención urgente y apasionada, el vínculo fue el primer hallazgo. Hoy, décadas después, puede afirmar con la autoridad de la experiencia que los dos aspectos que entonces parecían poco profesionales son los pilares más valiosos de la práctica: la potencialidad terapéutica del vínculo y el trabajo en dispositivos múltiples de abordaje.
1
Década del '70
Nacimiento del AT en Argentina. Sin libretos ni conceptos. El vínculo como primer hallazgo intuitivo.
2
Década del '80
Publicación del primer libro de AT (Kuras y Resnikzy, 1985). Primeros marcos teóricos. Crecimiento en Argentina y Brasil.
3
Década del '90–2000
Expansión iberoamericana. Primeras asociaciones. Debate sobre regulación y formación universitaria.
4
2015 en adelante
Congreso Internacional en Córdoba. Creación de la Tecnicatura en AT en la UNC. Debate epistemológico maduro.
Kuras Mauer introduce la noción de fraternización de la escucha: en el espacio analítico se reeditan vínculos parento-filiales, mientras que con el AT predominan los lazos fraternales, más horizontales, más paritarios. Esta horizontalidad, lejos de ser una debilidad, produce modos de subjetivación suplementarios e indispensables para la mejoría de los pacientes. La supervisión grupal, los "mates clínicos", los espacios colectivos de reflexión son herramientas esenciales para sostener una práctica que no puede realizarse en solitario.
Caminar juntos: AT y psicoanalista, una alianza necesaria
Mónica Santolalla
Posición Humanista · Ética · Dispositivo conjunto
Mónica Santolalla, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Córdoba, elige el género del testimonio para narrar más de ocho años de trabajo conjunto entre una psicoanalista, una acompañante terapéutica, una escuela y un maestro particulizado, en torno a Juan, un niño de seis años con alucinaciones visuales, graves dificultades vinculares y trastornos severos del sueño. Su texto es uno de los más emocionalmente intensos del libro.
La tesis de Santolalla es deliberadamente provocadora: el AT no integra, sino que crea. Es performativo de nuevos lazos. No se trata de que el acompañante y el psicoanalista fusionen sus marcos teóricos ni que anulen sus diferencias. Se trata de caminar juntos, en el sentido en que Roland Barthes hablaba de "cómo vivir juntos": no como integración imaginaria, sino como un fuerte trabajo de pensar cómo crear espacios múltiples donde sea posible habitar con otros.
"Estos espacios entre niños, padres, AT, escuela y terapeutas no son solo espacios de coordinación entre actores ya constituidos, sino más bien la fábrica misma de los actores y el lugar donde se ponen a prueba sus cualidades."
— Mónica Santolalla

Para la práctica: ¿Con quién estás caminando? El aislamiento profesional es el mayor riesgo del AT. La alianza con el terapeuta, el psiquiatra, el equipo escolar no es un lujo: es la condición de posibilidad de una clínica ética y eficaz.
El caso de Juan demuestra que la experiencia de sentirse hospedado —en el sentido derrideano de la hospitalidad— en múltiples espacios simultáneamente construye en el niño un puente, un pasaje, que hace posible una experiencia subjetiva diferente. Juan necesitaba testigos: un secretario de sus transformaciones, alguien que tomara nota del giro que le estaba aconteciendo. El AT, el maestro y la analista ofrecieron escuchas diferentes pero armoniosas, construyendo juntos un ritmo que el niño pudo reconocer como propio.
Fronteras y abordajes: el AT en todos los territorios de la vida
Capítulo 3
Fronteras / Abordajes e inserciones del AT
El tercer capítulo del libro es el más heterogéneo y, en cierto sentido, el más audaz. Aquí el AT ya no se presenta solo como un rol dentro de un equipo terapéutico clásico, sino como una práctica que atraviesa las fronteras de edad, cultura, institución y diagnóstico. Jorge Pellegrini pregunta: ¿cuántas edades hay? El AT trabaja con niños, adolescentes, adultos, adultos mayores. Trabaja en escuelas, hospitales de día, residencias, comunidades terapéuticas, servicios de justicia, hogares. Esta versatilidad no es un déficit de especificidad; es la característica constitutiva de un campo que se define por su capacidad de adaptación creativa al territorio singular del acompañado.
Graciela Bustos explora el acompañamiento dual en familias complejas, donde dos acompañantes intervienen simultáneamente en sistemas familiares altamente disfuncionales. Fátima Benítez, Rosario Del Corro y Romina Machado argumentan la importancia del acompañamiento terapéutico escolar como especialidad: el AT escolar no es un auxiliar pedagógico; es un profesional clínico que opera en la intersección entre salud mental y educación, facilitando la inclusión con perspectiva subjetivante. Sergio Nicolás Andorno aborda las resistencias familiares al dispositivo de AT, señalando que la misma familia que solicita el acompañamiento puede convertirse en su mayor obstáculo, y que el trabajo con esa resistencia —sin juzgarla, sin enfrentarla— es parte esencial de la estrategia clínica.
Proyecto 17: humanidad rescatada en el hospital psiquiátrico
Karina Chayan
Crónica institucional · Derechos · Dignidad
Entre todos los textos del libro, el de Karina Chayan —psicóloga del Hospital Borda y docente universitaria— es el que más se acerca al registro de la crónica. "Proyecto 17" es el nombre que ella le dio a su trabajo como única psicóloga de planta en un servicio de pacientes crónicos con más de diez, veinte y hasta cuarenta años de internación. Veintinueve personas, edades entre los cuarenta y más de sesenta años, que habían olvidado —o nunca habían conocido— la existencia de un tiempo propio, de un espacio elegido, de un deseo que los moviera.
El texto de Chayan es, en el fondo, una demostración práctica de lo que significa la ternura como herramienta clínica, en el sentido en que Fernando Ulloa habló de la "institución de la ternura" como antídoto frente a la "cultura de la mortificación". El talleres de decoración de macetas, el taller de informática, la creación de una página web y de una cuenta de Facebook, la primera venta a un vivero, la elaboración de volantes con precios y un convenio comercial: todo ello en el marco de un hospital psiquiátrico, con pacientes que habían sido catalogados como "irrecuperables".
3
Altas logradas
Pacientes que lograron externarse y vivir de manera autónoma o semi-autónoma durante el desarrollo del proyecto.
40+
Años de internación
El tiempo máximo de internación de algunos de los pacientes del servicio al inicio del Proyecto 17.
29
Personas acompañadas
El número de pacientes del servicio de área crítica con los que se desarrollaron los talleres y actividades terapéuticas.
"Soy carpintero, no un loquito del Borda. Soy vendedor, soy artesano." Estas palabras de uno de los pacientes condensan todo lo que Chayan quiere transmitir: que el proceso de adecuación institucional no es un ajuste técnico sino una apuesta radical a la humanidad de las personas, a la preservación de sus identidades, a la restitución de su dignidad como sujetos deseantes y capaces. El AT, en este contexto, es mucho más que un dispositivo clínico: es un acto político de resistencia a la lógica de la exclusión.
Caminos de formación y políticas públicas: el AT como proyecto colectivo
Capítulo 4
Formación · Regulación · Políticas Públicas
El cuarto y último capítulo del libro es el más político en el mejor sentido de la palabra. Aquí los autores no solo reflexionan sobre la práctica clínica del AT sino sobre su lugar en los sistemas de salud mental, las legislaciones, las universidades y las políticas públicas. La pregunta que recorre todas las contribuciones es: ¿cómo consolidar un campo profesional que ha crecido durante décadas de manera intersticial, en los márgenes de los sistemas formales?
Maricel Costa, una de las compiladoras, analiza el rol del AT en el proceso de transformación de las prácticas en salud mental en Argentina, en el marco de la Ley Nacional de Salud Mental. Lorena Nájera Ávila —desde México— reflexiona sobre la formación del AT como posicionamiento epistemológico y ético. Liliana Montero y Mayra Sánchez documentan la situación en Córdoba y la necesidad urgente de regular la profesión. Lucía Sánchez y Natacha Zapata narran el proceso de creación de la Tecnicatura Universitaria en AT en la Facultad de Psicología de la UNC: un hito histórico que convirtió al AT en una carrera universitaria gratuita.
Analice Palombini, desde Brasil, cierra el capítulo con un texto sobre "lo sensible en la formación para el AT": la importancia de que los programas de formación no solo transmitan conocimientos técnicos sino también cultiven la sensibilidad, la presencia y la capacidad de dejarse afectar por el otro. Porque en el AT, como en toda clínica verdadera, lo más importante no se aprende en los libros.
Hitos en la historia reciente del AT
1985 — Primer libro de AT (Kuras y Resnikzy, Argentina)
2003 — Fundación de AATRA (Argentina)
2006 — II Congreso Internacional de AT en São Paulo
2015 — X Congreso Internacional en Córdoba
2015 — Creación de la Tecnicatura en AT en la UNC
2017 — XI Congreso Internacional de AT en São Paulo
¿Dónde termina el acompañante y empieza el camino?
Un mensaje final para quienes caminan con otros.
Este libro —y este recorrido reflexivo por sus páginas— no ofrece recetas ni protocolos. Ofrece algo más valioso y más difícil: una manera de mirar. Una manera de estar presente que no aplaca el malestar con técnicas, sino que lo acompaña con humanidad, con ternura, con rigor ético y con la convicción de que el otro —todo otro— merece un lugar en el mundo.
El Acompañamiento Terapéutico es una práctica que nació en los márgenes y se quedó allí por elección, porque es en los márgenes donde la vida sucede con más intensidad. En la calle, en el hospital de día, en la escuela, en la plaza, en el colectivo, en la cocina de una casa donde hay dos platos para tres personas. Allí, en esos espacios fronterizos que las instituciones clásicas no alcanzan, el AT despliega su potencia transformadora.
Reflexioná sobre tu propio cotidiano
¿Qué ritmos te impone la sociedad de consumo? ¿En qué medida esos ritmos condicionan tu presencia clínica? El autoconocimiento del acompañante es la primera herramienta terapéutica.
Construí equipos, no certezas
La clínica del AT no se sostiene en el heroísmo individual. Se sostiene en la construcción colectiva: supervisión, terapia personal, formación continua, trabajo en equipo.
Dejate afectar sin perderte
Entrar en el mundo del otro con todo el cuerpo y la presencia, y al mismo tiempo mantener la distancia terapéutica necesaria para no quedar atrapado en la trama vincular: ese es el arte del AT.
Hacé lugar
Como el arquitecto que diseña atmósferas, como Winnicott que ofrecía placement: hacé lugar. Vacía el espacio para que el otro pueda aparecer. Esa es la intervención más radical y más amorosa.
"La posibilidad de deshacer lo cotidiano como control y herramienta de exclusión, y de volver a crear un nuevo espacio y un nuevo tiempo en que el acompañado tenga existencia ética y sociopolítica como ciudadano: eso es lo que hace el AT."
— Luciana Chauí Berlinck
El camino del AT no tiene un punto de llegada definitivo. Como escribía Castañeda a través de Don Juan: convertirse en hombre o mujer de conocimiento es una tarea que no puede lograrse verdaderamente, más bien se trata de un proceso incesante. Cada acompañado es un territorio nuevo. Cada vínculo, una oportunidad de crear algo que no existía antes. Y en ese acto de creación conjunta, tanto el acompañado como el acompañante se transforman.
Recomendamos, como hacen las compiladoras al cierre de su presentación: sumergirse en los caminos de la escritura sin temor a las fronteras de lo cotidiano. Porque es allí, en ese espacio transicional entre lo conocido y lo desconocido, entre el orden y el caos, entre la teoría y la vida, donde el Acompañamiento Terapéutico encuentra su razón de ser más profunda.
Gracias por caminar hasta aquí
M. Laura Frank · Maricel Costa · Dolores Hernández, Comps.